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El monumento a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial

28.04.2007

La República de Estonia, al igual que otros miembros de la Unión Europea, honra la memoria de todas las víctimas de la Segunda Guerra Mundial y tiene aprecio a las naciones que lucharon abnegadamente para derrotar el fascismo en Europa y en todo el mundo. Al mismo tiempo, el gobierno de Estonia condena las actividades de aquellas personas, tanto de ciudadanos estonios que colaboraron con las autoridades de ocupación, como de los representantes de autoridades extranjeras, que cometieron crímenes contra la humanidad y ejecutaron represiones en masa en el territorio estonio. El hecho, que los crímenes contra la humanidad se traten como crímenes internacionales que no caducan, nos da la esperanza para evitarlos en el futuro. En Estonia hay 217 entierros militares con restos de combatientes soviéticos y unos diez entierros militares alemanes en fosas comunes que están amparados por la protección de antigüedades. El número exacto de entierros militares no se sabe. Hasta ahora, el mantenimiento de entierros militares se ha realizado con los medios y libre voluntad de los gobiernos regionales.

La Segunda Guerra Mundial fue una trágica página en la historia de Estonia, ya que el estado sufrió tres ocupaciones consecutivas tras la guerra. Estonia fue anexado ilegalmente durante más de 50 años. Los soldados estonios reclutados contra su voluntad se vieron obligados a luchar con uniforme ajeno en los dos bandos de la guerra. Los hombres estonios fueron reclutados contra su voluntad para luchar en los ejércitos del régimen ocupante, tanto en los servicios activos del ejército soviético como la SS de Alemania nazi. Esto fue grave quebranto de costumbres internacionalmente reconocidos, ya que no se puede reclutar en territorios ocupados. Las pérdidas humanas producidas por la Segunda Guerra Mundial y por las deportaciones masivas de posguerra, fueron descomunales. Junto con los decenas de miles de estonios fue prácticamente destruida la cultura rusa y la de otras naciones minoritarias que evolucionó en Estonia antes de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, celebrar cualquier tipo de victorias y liberaciones históricas es un tema contradictorio para los estonios.

El monumento a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial, llamado el Monumento al Soldado Liberador, se inauguró en el parque Tõnismägi en el centro de Tallinn, el 22 de septiembre de 1947. Como un componente obligatorio de la arquitectura urbanística, el monumento al Ejército Rojo tenía que estar situado en el centro de la ciudad y tener una plaza grande apta para organizar las celebraciones masivas de los aniversarios del poder soviético y el Ejército Rojo. Más tarde, Tõnismägi se convirtió en monumento cultural, ya que allí yacen los restos mortales de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial.

Este monumento tiene un significado dual para los estonios: por un lado, es un recordatorio doloroso de cómo la ocupación nazi se sustituyó por la ocupación soviética. Por otro lado, el monumento honra la memoria de aquellos que dieron su vida luchando contra el régimen fascista alemán. Glorificar y celebrar de manera demostrativa el primero de ellos, resulta naturalmente inaceptable para los estonios. El segundo significado, sin embargo, es el único admisible y se identifica con los conceptos de muchos monumentos en toda Europa.

La Fundación Estonia para las Investigaciones de Crímenes contra la Humanidad ha creado una Enmienda Histórica: “Refiriéndose al monumento y la fosa común al pie del monumento a los soldados soviéticos, se puede afirmar que el 14/04/1945 fueron enterrados en Tõnismägi 12 ataúdes con fines propagandistas. Los documentos existentes no permiten determinar el lugar exacto de dichos entierros y las fuentes de archivos y demás información no aclaran quién y en qué circunstancias fue enterrado en Tõnismägi. Sin embargo, no todos los archivos se pueden consultar (sobre todo los que se encuentran en Rusia) y diferentes fuentes dan, a veces, información contradictoria. Por eso, hay que aclarar la situación de los posibles entierros militares en Tõnismägi.

El deber moral e internacional de Estonia es garantizar el orden, la protección y la paz en la tumba, tanto de los entierros militares como de sus respectivos monumentos. Por eso, el 10/01/2007, se aprobó la Ley de Entierros Militares que se adapta a los principios y costumbres internacionales (el Convenio de Ginebra). A base de esta ley, se creó en el Ministerio de Defensa la Comisión de Entierros Militares, cuya tarea consiste en proponer al ministro de defensa la protección de entierros militares y los posibles reentierros de los restos mortales.

Procediendo de dichos convenios y de las costumbres humanas comunes, no se puede aceptar que en el parque del centro de Tallinn haya tumbas anónimas y que se celebren actos públicos en dicha zona. Asimismo, la situación actual de Tõnismägi no garantiza la paz en la tumba, ya que la gente puede acceder libremente al posible lugar de entierro. Eso significa que la situación en Tallinn no es normal según las costumbres y valores humanos comunes.

Al problema de garantizar la paz en la tumba hay que añadir el hecho que en el entierro militar de Tõnismägi se han celebrado varios actos cuya ideología va contra el estado de Estonia y cuya celebración, evidentemente, altera la paz en la tumba. En la sociedad, a su vez, se produjo una reacción contra dichos actos. Estos supuestos entierros militares, junto con el monumento, ya no representan la memoria de las víctimas, sino que se ha convertido en un lugar de reuniones, demostraciones y apología de la violencia de varios grupos políticos, donde se incumple la ley y se glorifica el régimen comunista criminal. Esto se ve reafirmado por los acontecimientos de los últimos 15 años. Trasladar el monumento a otro lugar y reenterrar los restos mortales en un lugar más apropiado (en un cementerio), quitaría la carga ideológica y aseguraría la paz en la tumba. Sólo entonces, el monumento cobraría el único significado adecuado para hoy en día, la función de conmemorar a las víctimas de la guerra.

Por eso, el 9 de marzo de 2007, la Comisión de Entierros Militares propuso al ministro de defensa reenterrar los restos mortales que yacen en Tõnismägi, ya que su actual lugar no garantiza la paz en la tumba. Para eso hay que reenterrarlos en Tallinna Siselinna Kalmistu. Según la comisión, éste es el lugar idóneo para garantizar la paz en la tumba y un trato digno conforme con los principios establecidos para entierros militares. En este cementerio están enterrados los soldados estonios, británicos y soviéticos que perdieron su vida en las guerras. El monumento de Tõnismägi también cambiaría de lugar en vez de se destrucción, ya que se trata de un monumento cultural. Un lugar adecuado para el monumento sería el cementerio del ejército nacional.

Todos los pasos a realizar estarán conformes con las leyes estonias e internacionales y los principios europeos. Para realizar los reentierros, se contará con la participación de expertos en materia de protección de antigüedades y los demás  temas relevantes. El reentierro ha sido aprobado por la iglesia luterana, ortodoxa y católica, al igual que por los representantes de la comunidad judía.

Tratándose de Estonia, no es de extrañar que las cosas se hayan solucionado de esta manera. Para garantizar la paz de las víctimas de las guerras, se ha optado por reenterrar los restos mortales en cementerios en toda la Europa del Este. De una manera muy masiva se reenterró por ejemplo, a principios de los años 90 en Hungría. En cuanto a los monumentos dedicados al Ejército Rojo, se podría poner com ejemplo a la república Checa: en Praga no hay ni un monumento de tal índole. Hay monumentos, por supuesto, pero solamente en los cementerios.

El monumento de Tõnismägi ha provocado una amplia discusión en la sociedad estonia sobre el significado del monumento y su actual lugar en el espacio urbanístico de Tallinn. La Fundación de Acuerdo Social, que agrupa más d 60 organizaciones, ha iniciado un debate amplio sobre la tolerancia. Con la iniciativa del ayuntamiento de Tallinn se celebran concilios para tratar el tema del Monumento al Soldad Liberador, y  en cuyo trabajo participan más de 30 diferentes organizaciones y asociaciones políticas, incluidas las asociaciones de veteranos de guerra. En la última reunión, celebrada el 06/03/2007, los participantes llegaron a la conclusión de que una posible solución sería encontrar otro lugar más apropiado para el monumento. Este es un paso hacia una sociedad más madura que comparte valores democráticos y donde se procura solucionar los problemas en una mesa de negociaciones y teniendo en cuenta los diferentes puntos de vista.

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